Tú.
Ando sin rumbo por el bosque, y en mitad de mi noche te encontré, en el claro de mi corazón.Ahí estabas tú, como ninfa del bosque, aguardando en la quietud del ocaso. En la cúspide de la bóveda celeste la Luna de plata derramaba su diáfana luz sobre tu pálido cuerpo.
Diosa en la tierra eres, con corona de estrellas ceñida a tu frente, cendal flotante de bruma a tu cuerpo pegado y melena de negro azabache cayendo gracilmente sobre tus hombros. En el silencio de la noche tus pardos ojos me miraron, vivos reflejos de la más profunda soledad y tristeza. Los sentimientos traicionaron tu cuerpo, y una lágrima de cristal resbaló por tu mejilla, convirtiéndose pronto en llanto desconsolado.
Una necesidad creció entonces en mi, irrefrenable, un impulso del corazón: quise acercarme, estrecharte entre mis brazos, para acallar tu llanto con el calor de mi cuerpo y mis dulces palabras. Pero he aquí que al primer paso dado te esfumas como el aire, dejándome en medio del bosque, perdido otra vez. Y entonces surge desde lo más hondo de mi alma un aullido de dolor, angustia e incomprensión. Un grito contra mi mismo, por haber encontrado tu amor, tu belleza, haberla tenido al alcance de la mano y sin embargo no saber como retenerla.
2006, 2008 – Que mas da el año, los sentimientos son ciclicos…

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